El asistido es el otro. Reflexiones a partir del caso de la población migrante venezolana en Buenos Aires durante la pandemia COVID19*

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por Jésica Lorena Pla* – Mariya Ivancheva*
*Jésica Lorena Pla es Sociologa, investigadora adjunta de CONICET Con sede IIGG UBA.

*Mariya Ivancheva es antropóloga y socióloga, y profesora en la Universidad de Strathclyde, Glasgow, Reino Unido.

Durante los últimos años se ha instalado fuertemente en la región y en Argentina el debate sobre la legitimidad de la asistencia social a los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad ¿Cuándo corresponde esa asistencia? ¿quiénes son los “merecedores” de la misma? ¿Cuáles son “los vicios” que despiertan este tipo de intervenciones? ¿Qué vinculaciones tienen con las orientaciones políticas, y eventualmente el voto, de los sectores asistidos?

A partir de un proyecto de investigación centrado en el caso de los y las migrantes de nacionalidad venezolana en Argentina, apoyado por el Consejo de Investigación en las Ciencias Sociales (SSRC) de EEUU y en cooperacion entre la UBA y la Universidad de Strathclyde en Escocia ejemplificamos las tensiones y contradicciones que este debate suscita.

El caso analizado es relevante porque se trata de un colectivo que buscó escapar de un proceso de crisis, recesión y la movilidad descendente en su país de origen, para encontrarse en un contexto recesivo, pandémico, trabajando en empleos informales y / o en la economía de plataforma en el país de destino. Pero más paradójicamente, la decisión de migrar tuvo no sólo un componente económico sino también político: dejar atrás un régimen catalogado como de izquierda (y en un primer momento la invitación explícita del gobierno de Mauricio Macri).

No obstante, una vez en el destino, las condiciones de desmantelamiento de cierto avance en materia de bienestar del mencionado gobierno macrista los enfrentó a una situación de vulnerabilidad extrema. Es una condición que, al mismo tiempo, los configura como demandantes de bienes públicos (especialmente salud y educación), que en Argentina son herencia de gobiernos que pueden ser enmarcados como “progresistas”, aquellos a los que el colectivo rechaza por su cercanía a la idea de ese “socialismo” del cual quisieron escapar.

Con la llegada de las primeras olas migratorias masivas de Venezuela a partir de 2014, la creciente presencia de los migrantes venezolanos en los medios de comunicación argentinos reflejaba una imagen de migrantes «educados», «profesionales», de «clase media», y por lo tanto “merecedores”, en oposición a otros grupos de migrantes que trabajan en los sectores de baja calificación (bolivianos, peruanos, senegaleses, etc.). Ahora bien, a medida que la situación económica social primero, y la pandemia después, el conjunto de migrantes de nacionalidad venezolana se incorporaron masivamente a trabajos poco calificados en la denominada “economía de plataforma”, convirtiéndose en la mayor proporción de trabajadores en plataformas de reparto como Glovo y Rappi,

La aparición de la pandemia meses después del éxito electoral de la plataforma Fernández – Fernández, puso en evidencia estas tensiones. Mientras el colectivo migrante venezolano enfrentaba condiciones de inserción socio ocupacional, y, por ende, de reproducción social cada vez más vulnerables, más se hicieron visibles las demandas de bienes públicos así como de protección social, aún sin abandonar un fuerte rechazo a las concepciones liberales en términos políticos.

Este hecho más que sorprendernos debería servir como ejemplo de las tensiones que atraviesan a nuestro país y a la región en su conjunto: las tensiones entre la reproducción de la vida en amplios sectores de la población y la imposibilidad de hacerlo por medio del trabajo, cada vez más precario y vulnerable, así como la no linealidad entre el apoyo a gobiernos de corte “popular” y las condiciones de existencia. Estas tensiones, además, generan enfrentamientos sociales entre “merecedores” “asistidos” y “yo”, pues cada vez resulta más difícil, a quienes realizamos investigación social, encontrar personas que se autoperciban como esos beneficiarios de la intervención estatal. El asistido siempre “es el otro”. Probablemente esto se deba, en parte, al éxito del neoliberalismo, en términos de fomentar procesos de subjetivación centrados en la individualización. Romper estos caminos que se bifurcan cada vez más es una de las tareas más urgentes que presenta nuestra sociedad.