Masacre de Wilde: hora de las sentencias

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Comunicado Partido Obrero Avellaneda:
El pasado miércoles 2 de noviembre, la fiscalía, encabezada por Viviana Simón, en su alegato final ante el Tribunal Oral Criminal N° 3 de Lomas de Zamora, pidió la condena de prisión perpetua para los siete expolicías bonaerenses implicados en la Masacre de Wilde, acusados de asesinar a Eduardo Cicutín, Roberto Corbo, Gustavo Mendoza, Enrique Bielsa, y dejando herido a Claudio Díaz.

La masacre de Wilde es un resonado caso de gatillo fácil sucedido el 10 de enero de 1994, cuando ex comisarios, subtenientes y cabos, de la brigada de Lanús, salieron a la caza de una banda de ladrones que efectuaban delitos para la comisaría, y no habían entregado el importante botín, que incluía narcóticos, terminando tiroteando dos coches.

Simón, en su alegato, afirma que «la acción de cada imputado no es de un mero participe, sino de los que mantienen dominio sobre el hecho», calificando al suceso como «un ataque múltiple a cinco seres humanos, realizado ordenadamente y siguiendo un plan previamente acordado».

La fiscal agrega el pedido de que la condena sea de cumplimiento instantáneo, como respuesta al pedido de abogados de los imputados, al considerarlos adultos y con «problemas de salud» no demostrables por el cuerpo médico legal.

Raquel, familiar de una de las víctimas, afirmó que «si bien la etapa testimonial fue movilizante, lo que viene no es menor. Los testimonios dejaron claro que las brigadas de la bonaerense no hacían tareas de prevención de delitos y que al remisero Corbo le plantaron un arma. No hay dudas sobre eso».

Se debe recordar que los responsables políticos de tal atroz suceso no han pisado oficina judicial para declarar. Para aquellos años la provincia de Buenos Aires era gobernada de Carlos Ruckauf (PJ), y Pedro Klodczyk jefe de la «maldita bonaerense». Hoy, a casi tres décadas, con Axel Kicillof (Todos-PJ) en el sillón de La Plata y Sergio Berni en el Secretaría de Seguridad de la provincia, la maldita policía sigue activa. Lo demuestran los innumerables casos de gatillo fácil, abusos de autoridad, violaciones, torturas y maltratos en las barriadas. A la par del mantenimiento del delito organizado.

La pronta condena a la masacre de Wilde dejará un precedente en la lucha contra la represión y el gatillo fácil.