Camino General Belgrano esquina Donovan: (Capusotto tiene razón)

Camino General Belgrano esquina Donovan: (Capusotto tiene razón)

Por Gerardo Gómez Coronado (Página 12)
Llamar “camino” a una arteria del conurbano puede sonar anacrónico o bien un reconocimiento/ homenaje a una antigua nomenclatura o toponimia urbana, como en el caso de los Caminos Reales, o los Caminos del Bajo. Pero en el caso del Camino General Belgrano que une Gerli, en el Municipio de Avellaneda, con La Plata créanme que más que un homenaje o reconocimiento hacia Manuel Belgrano es una muestra de la desidia gubernamental, de la falta de normativas acordes y de cómo frente a las falencias estatales el comportamiento ciudadano adopta ribetes antisociales.

 

 

 

 

 

 

 

A esta mezcla de calle/avenida/ruta que atraviesa seis municipios del sur del Gran Buenos Aires, muchos lectores quizás la referencien por el sketch de Capusotto que sitúa en la esquina del Camino con la calle Donovan a su bizarra “Pizzería los Hijos de P…”. Ese local no existe, pero sí podemos encontrar en los comercios, industrias, construcciones y especialmente en el uso, desuso y abuso del espacio público situaciones no menos extravagantes.

En su oportunidad pudimos abordar desde estas columnas <<https:// www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-3089-2016-04-03.html>> algunas de las principales particularidades de cómo se fue dando el desarrollo del conurbano en función de los vectores de desarrollo (ferrocarril, autopistas y avenidas troncales). Alrededor de estos corredores creció una urbanización consolidada y con buena provisión de servicios, pero las zonas mas alejadas, los “espacios intersticiales”, quedaron relegados en cuanto a obras de infraestructura y por consiguiente de la mira de los desarrolladores inmobiliarios.

En los estudios desarrollados a mediados del siglo pasado por los técnicos del Plan Nacional de Desarrollo ya nos marcaban al menos seis vectores de desarrollo o áreas consolidadas, y otros tantos espacios intersticiales. En la zona sur, dos de esos vectores de desarrollo fueron las vías del Roca ramales Quilmes y Temperley, acompañadas por las avenidas Mitre e Yrigoyen (ex Pavón), a cuyas veras se conformó una urbanización consolidada con industrias y comercios de inversión media y alta, y zonas residenciales con estilo y personalidad propia en la franja que va desde Banfield hasta Adrogué y otra similar desde Don Bosco hasta Quilmes.

En el territorio intermedio entre esas franjas urbanas que se extiende en abanico por el sur del conurbano quedaron las barriadas menos desarrolladas, que el Estado con cierto voluntarismo quiso cubrir a principios del siglo XX con la construcción del hoy desaparecido FFCC Provincial de Avellaneda a La Plata, que tenía como estaciones principales a Monte Chingolo, Pasco, San Francisco y Solano. Y también con el Camino General Belgrano.

 

 

 

 

 

 

 

El Camino es una muestra palpable de la desidia gubernamental por la falta de mantenimiento vial, la escasa iluminación, la falta de mobiliario urbano y servicios de limpieza en gran parte de su recorrido (celebramos que para el momento en que se escriben estas líneas el gobierno de la Provincia esté realizando obras a la altura del municipio de Quilmes) y también de la falta de normativas acordes. Esto último se hace extensivo a otras arterias limítrofes entre municipalidades, como la calle Uruguay entre San Isidro y San Fernando, o la 30 de Septiembre entre Lomas y Almirante Brown. En casi todos estos casos el hecho de que una arteria actúe como límite suele traer aparejado que ninguno de los dos municipios termina de hacerse cargo de su cuidado y mantenimiento. El “pobre” Camino Belgrano sufre la desgracia de actuar como límite entre Avellaneda y Lanús en un extenso tramo, entre Quilmes y Florencio Varela, y entre Berazategui y Florencio Varela en otros. Tarea pendiente para la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires es la regulación de estas calles.

De este círculo vicioso de falta de infraestructura, olvido gubernamental y falta de desarrollo urbano no se sale esperando que el mercado inmobiliario deposite sus ojos en estas franjas marginales. Por el contrario, hace falta una fuerte, eficaz y persistente inversión y presencia estatal para lograr la siempre propuesta pero pocas veces practicada equidad territorial.