Homilia de Monseñor Ruben Frassia parroquia San Cayetano

Homilia de Monseñor Ruben Frassia parroquia San Cayetano

Queridos hermanos:
Es una alegría muy grande celebrar la Eucaristía en este lugar y compartir con ustedes un momento muy especial, de esperanza, de bondad y de misericordia de Dios; porque todos nosotros no venimos solo a pedir, venimos también a agradecer.

Agradecer el don de la vida, agradecer que Dios está, agradecer que podemos confiar en Él, agradecer que nos trata como a sus hijos y nosotros podemos reconocerlo a Él como nuestro Padre. Hay algo muy importante, esta noche, que tenemos que considerar: queremos vivir en Dios y en la Verdad de su amor.

Estamos muy cansados de mentiras, muy cansados que se nos digan cosas que, muchas veces, son huecas, superficiales y armadas; estamos cansados de pensar que “nada va a cambiar”; cansados de que “todo está mal”, que “las familias están mal”, que la inseguridad, la violencia, los robos, las mentiras, las injusticias, ¡y tantas cosas!

¡No queremos este país así! ¡Queremos vivir un país lleno de amor, de respeto, de trabajo, de justicia, de honestidad, de responsabilidad! ¡No queremos cosas malas, ni nos queremos acostumbrar a convivir con ellas! Como si “todo está así”, “nada va a cambiar”, “que todo sigue igual”, “total…” ¡Me parece que nosotros valemos más y valemos mucho; somos muy importantes porque somos hijos de Dios y porque Dios está acá adentro! ¡Dios nos ama y nos dice que podemos vivir el Evangelio!

San Cayetano, que vivió en una ´poca muy fea, terrible, con la Iglesia contaminada, la Iglesia tiene el Espíritu Santo y es santa, pero en sus miembros había muchas cosas feas; y él decía: “¡denme cuatro, cinco hombres santos que amen el Evangelio y cambiaremos el mundo!” Hoy es lo que tenemos que proponernos.

¡Queremos cambiar nuestra patria! ¡Queremos cambiar nuestro trato! ¡Queremos vivir en la Verdad! ¡Queremos ser justos y responsables del pan y del trabajo, y no queremos vivir de subsidios, queremos vivir del trabajo! La dignidad más grande es tener un trabajo y poder llevar honestamente, del esfuerzo personal, el alimento a los hijos.

Esta es una noche de esperanza, porque si San Cayetano cambió y dio su corazón -que lo ofreció cuando en Nápoles, Italia, se estaban matando italianos y españoles, tal es así que el día que murió se provocó la paz entre esos pueblos hermanos- ¡cuánto tenemos que ofrecer!, ¡cuánto tenemos que considerar!

Venimos acá a tomar fuerza y Dios nos la da, nos ilumina, nos consuela; pero también nos fortalece para que no vivamos como derrotados, como vencidos, como diciendo “las cosas fueron así, son así y seguirán siendo así.” Un pesimismo total.

Tenemos que pedirle a Dios, por medio de la fe, la fuerza para que podamos vivir un país de hermanos y no que te alimenten las divisiones. Un país donde se respete, se acepte y se reconozca al otro como distinto. Pero también un país donde su fuerza, su consistencia y su solidez, serán el trabajo, la responsabilidad y el compromiso.

Que Dios nos bendiga; que la Virgen nos ayude a mantener siempre encendida la antorcha de la fe en nuestro corazón; y que San Cayetano, Patrono del Pan y del Trabajo, nos ayude a seguirlo.
Una vez decía San Cayetano “¡Cristo nos llama y muy pocos se mueven!,” ¡Cristo sigue llamándonos y hay que responderle!; hoy, que somos peregrinos, y que venimos ante Dios por su llamado, que también le respondamos con nuestro compromiso cuando retornemos a casa, a nuestro trabajo, a nuestra vida, a nuestro trato con todos los hermanos.

Que Dios nos conceda la gracia y San Cayetano interceda por nosotros y por nuestro país.

Que así sea.