«Aquí estoy, vengo a caminar con ustedes. Cuenten conmigo. Yo cuento con ustedes»

Profundamente conmovido, el nuevo obispo diocesano de Avellaneda monseñor Marcelo Margni inició su mensaje apenas iniciado su ministerio Episcopal. «Vengo con los pies descalzos para enamorarme de estas comunidades, para hacer aquí mi casa, porque no podría ser un buen Pastor si no tengo aquí mi corazón».

Y el joven «Obispo del Conurbano» -tal como él mismo se definió-, el que vino a enamorarse de este pueblo, enamoró a todos con su risa fácil y sus lágrimas espontáneas. Con su lenguaje sencillo -«tengo puesto el pectoral de Novak, que me afané de la sacristía» o «el padre obispo Tissera me regaló el traje para que hoy esté bien empilchado»- profundo y misericordioso: -«recojo la llamada a hacer juntos una iglesia pobre de un pueblo pobre, que encarna en su predicación y en sus prácticas, la predilección de Jesús por los últimos de la historia»-.

El padre obispo «Maxi» llega a la diócesis de Avellaneda Lanús, insuflando un aire diáfano que pinta de colores a la Iglesia, no sin antes abrevarse de la trayectoria y experiencia de sus antecesores: «Te agradezco tanto Rubén Frassia, te lo digo delante del pueblo creyente: ésta es tu casa, podés venir y hacer lo que te parezca como Pastor, con el corazón bueno con que has conducido la Iglesia de Avellaneda y Lanús».

«Soy un joven obispo del conurbano bonaerense, soy un obispo de Francisco y eso me da mucha honra», dijo conmovido en un pasaje de su mensaje, que fue quebrado varias veces por el llanto. «Acostúmbrense, soy muy llorón», dijo y agregó «me pasa todo el tiempo, pero no se asusten, no sufre este muchacho, es de corazón…».

Nació en Avellaneda y eso le da una ventaja de local, y aún más porque su madre dio a luz en el hospital Fiorito, y otro plus: es hincha de Independiente. Todo lo contó cuando presentó a su familia presente en la Catedral: «está toda la tanada, y tengan cuidado porque son bravos y me traje la patota..»

Su mamá lo nombró Maximiliano, pero en el Registro Civil le pusieron Marcelo. Y el, fiel a los mandatos de su madre, sigue siendo Maxi y así prefiere que lo llamen.

Como un niño agradecido y orgulloso presentó a su madre: «Parate Má», para que todos los presentes admiraran esa figura sublime con que identificamos a las madres. «Mi mamá me dijo hace poco: Hijo, ¿cómo llegamos a esto?» «No se má, vamos a ver qué hacemos», dijo con los ojos brillantes, la sonrisa ingenua y el corazón rebosante de alegría.

Y así se inicia en Avellaneda y Lanús un nuevo ministerio episcopal. Recordando con respeto y admiración a los cinco obispos que precedieron a Maxi, y sabiendo que con él podremos reír y llorar, cantar y orar, y honrar a la Iglesia difundiendo la opción preferencial por los pobres.
Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír (Evangelio según San Lucas). «Cuenten conmigo, yo cuento con ustedes».

marta portilla/diario La Calle

«El espíritu del Señor está sobre mi. Él me