Jubilaciones: solidarias o privadas, esa es la cuestión

Jubilaciones: solidarias o privadas, esa es la cuestión

Christian González D’Alessandro*
@dr_dalessandro

Las AFJP, en 125 años de vigencia, dejaron a más excluidos que incluidos
En los últimos días se volvió a abrir el debate acerca de si es mejor un sistema de jubilación público o privado, solidario o de ahorro.

En primer lugar, hay que aclarar que siempre un sistema jubilatorio es público. Lo que puede variar es el pilar, el asiento, donde descansan los aportes que cada trabajador hace para el acceso al beneficio previsional.

En segundo lugar, tenemos que definir ¿Qué es ahorrar? La R.A.E dice que es «reservar una parte de los ingresos ordinarios» o «guardar dinero como previsión para necesidades futuras».

El ahorro en el contexto de la seguridad social surge en Chile cuando el dictador Augusto Pinochet siguiendo a la escuela de Chicago, con el economista Milton Friedman a la cabeza, reforma el sistema jubilatorio incorporando una figura que rompería los principios protectorios del solidarismo social, que ponía al Estado como garante del seguro social.

Este nuevo paradigma en la legislación chilena, y luego seguida por Carlos Menem en nuestro país, incorporó un sistema capitalización individual basado en lo que cada aportante lograra conseguir es su vida productiva de trabajo: el ahorro.

El ejemplo con que enseño este tema en la facultad lo doy con el sistema de las famosas cacerolas que las mujeres pretendían tener en sus casas y que, por ser tan caras, sólo era posible adquirirlas pagándolas en cuotas. Cada una de ellas se embarcaba a abonar mensualmente una suma fija que con el correr del tiempo, y habiendo pagado la totalidad, la famosa cacerola por fin estaría en vuestras manos. Pero eso muchas veces no llegaba porque, al momento de terminar con el compromiso, se fugaba «la cacerolera», la señora que las vendía, y por consiguiente se quedaban sin la cacerola, sin el dinero y sin nada.

¿Pretendemos como sociedad
cometer el mismo error?

A diferencia de lo que pasó en nuestro hermano país, Argentina modificó la legislación previsional instaurando un doble pilar: el solidario, de reparto y el de ahorro, de capitalización individual. El primero el malo, el segundo el esperanzador.

Las políticas neoliberales de los noventa y el consecuente achicamiento del gasto, sumado a las campañas propagandísticas donde el cuco era todo lo que el Estado administraba, entre ellos las jubilaciones, hizo que los argentinos cayesen en las garras de un lobo al que se los disfrazó de cordero. Los bancos envueltos en este nuevo término llamado Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) que cuidarían del dinero de cada trabajador: Al zorro dejaron cuidando las gallinas.

Durante casi quince años vimos las deficiencias de un régimen que dejaba más excluidos que incluidos. Los argentinos divididos en una gran grieta pero, en este caso, de los que tenían trabajo con los que no; de los que podían aportar y de los que no lo podían hacer; de los que habían confiado en un demonio, como era el Estado, para que les administre a futuro la jubilación con aquellos que, tentados por las prometedoras publicidades de las AFJP, juntaban en sus cuentas cifras que, al llegar a la vejez, iban a hacer suculentas.

Quince años y se empezó a romper el cascarón. La realidad salió a la luz en 2008.

Millones de trabajadores habían perdido descaradamente frente a los poderosos los que, al igual que «la cacerolera», escaparon con el dinero dejando las manos vacías y con un sistema a punto de quebrar.

Hoy, cuando parecía zanjada la discusión, nuevamente se pone el ojo en una eventual reforma previsional que se avecina. Según el gobierno del presidente Mauricio Macri el cambio deberá ser sustentable y que reduzca el gasto jubilatorio. Se habla como en aquella época del ahorro pero, esta vez, del «voluntario».

Todo tiende a que los trabajadores muy pronto conozcamos cual es el plan que se tiene. Lo cierto es que, casualidad o no, recientemente se supo que la Corte Suprema, en uno de sus fallos, dio un claro guiño en la defensa de las AFJP.

El máximo tribunal en los autos «Gualtieri, Alberto C/Anses» dijo que: «Hasta la entrada en vigencia de la ley 26.425 – de unificación del sistema previsional en solidario de reparto –, quien optara por el régimen de capitalización podía aumentar su haber mediante imposiciones voluntarias» y que como el afiliado no «ejerció las opciones que le hubieran permitido alcanzar esa tasa de sustitución razonable», no tiene derecho a una mejora del haber.

¿Las «imposiciones voluntarias» serían la salvación para que los jubilados tengan un sueldo digno? La respuesta es difícil de responder aunque, por lo transitado hasta aquí, no parecería.

Sin embargo, como argentinos memoriosos, está vez tenemos la oportunidad de conocer la historia y saber lo que pasó. La pregunta es ¿Pretendemos como sociedad cometer el mismo error que nos colocaron en tiempos pasados? La respuesta sólo quedará en cada uno de nosotros al momento en que el debate se instale y tengamos opinar.

* Director del Instituto de Derecho de las
Personas Mayores y Políticas Gerontológicas
del Colegio de Abogados de Morón